Bodega Ramón do Casar
La Bodega Ramón do Casar se sitúa en O Prado, en el municipio de Castrelo de Miño, a orillas del río Miño y en pleno paisaje vitivinícola del Ribeiro. Su posición elevada sobre las parcelas de viñedo ofrece amplias vistas sobre el valle, convirtiendo el entorno en uno de los principales elementos del proyecto.
La implantación del edificio responde a las condiciones de una parcela de fuerte carácter topográfico. La arquitectura se adapta a la pendiente mediante una sucesión de plataformas, muros y volúmenes escalonados que permiten ordenar los accesos y las diferentes áreas de la bodega, reduciendo al mismo tiempo su presencia sobre el paisaje.
El conjunto se concibe a partir de cuerpos de geometría rotunda y predominantemente horizontal. Su disposición acompaña las curvas del terreno y establece una relación directa con las líneas regulares de los viñedos, los bancales tradicionales y el recorrido sinuoso del río Miño.
La organización arquitectónica responde a las necesidades propias de la actividad vitivinícola, diferenciando los espacios productivos, las zonas de almacenamiento y las áreas destinadas a la recepción y estancia de visitantes. La adaptación al desnivel facilita la conexión entre los distintos ámbitos y permite integrar una parte importante del volumen construido en el terreno.
El granito empleado en los cerramientos exteriores aporta al edificio una imagen sólida y serena, vinculada con la tradición constructiva del Ribeiro. Frente al carácter masivo de la piedra, los grandes paños acristalados abren determinados espacios hacia el valle y enmarcan las vistas sobre el río, los viñedos y las laderas próximas.
Las cubiertas planas se convierten en terrazas y miradores protegidos mediante barandillas de vidrio. Estos espacios prolongan el recorrido de la bodega hacia el exterior y permiten contemplar el paisaje desde diferentes alturas, estableciendo una relación continua entre la arquitectura, el cultivo de la vid y el territorio.
El proyecto incorpora los muros de contención, los bancales y la vegetación existente como parte de la intervención. La piedra del edificio dialoga con los muros tradicionales de la parcela, mientras que el vidrio introduce ligereza y permite que el paisaje forme parte de los espacios interiores.
La percepción de la bodega cambia con las condiciones atmosféricas del valle. En los días despejados, el edificio se abre hacia la amplitud del río y las laderas cultivadas; con la presencia de la niebla, la arquitectura aparece parcialmente envuelta por el paisaje, reforzando su carácter integrado y su estrecha vinculación con el lugar.
El resultado es una arquitectura contemporánea, funcional y contenida, concebida para responder al proceso de elaboración del vino y, al mismo tiempo, ofrecer una experiencia estrechamente ligada al paisaje del Ribeiro. Una bodega que no busca imponerse sobre el territorio, sino formar parte de él.